En una descripción realmente corta, en el salmo 110 se narra el poderío y reinado de Jesucristo, quien es Dios mismo y se presenta en forma humana para gobernar sobre las naciones. Con una simple frase, David en su visión profética explica la naturaleza de la trinidad. “El Señor le dijo a mi Señor”. De esta manera simplemente expresa cómo ambos son el mismo, pero cumplen roles diferentes dentro de la historia de Israel y del mundo.

Se trata de un salmo que narra la victoria del Rey y que Dios le permite ver a David como un privilegiado por tener cercanía con Él. Le explica con detalle cuál es su obra en la victoria final del mundo. No incluye demasiadas explicaciones pero sí revela específica y conscientemente la prominencia de Dios, y la victoria que ya está pensada desde hace mucho tiempo y de la que nosotros no seremos más que testigos. Cuando el mesías vuelva a reinar sobre la tierra y destruya finalmente el mal que existe en ella.

Contexto histórico del salmo 110

En el salmo 110 se usa una figura muy específica que no se usa en ninguna otra parte del libro de Tehilim (salmos). La figura es “Neum Adonay”, que no se puede negar que habla del Rey-Mesías. En pocas palabras, Dios le dice a David: “Ven y siéntate a ver cómo pongo a tus pies a todos tus enemigos cuando el cetro del Rey Mesías establezca su trono y su cetro frente a toda la humanidad.

En este no solo establece que el pueblo de Israel le dará la gloria al Mesías, sino que todos en el mundo lo harán. Todos podrán verlo y todos le darán la gloria que se merece por ser el Rey del Universo.

Por otra parte, algunos estudiosos rebaten esta teoría indicando que no se refiere al mesías prometido, sino a Abraham. Por ser el primero que le reconoció frente a todos como Dios del mundo, el Señor decide recompensarle y ofrecerle la victoria. De hecho, en este contexto las palabras parecen indicar que el Eterno se siente en deuda con Abraham, y por eso le nombra sacerdote. Esto se hace cuando dice “Sacerdote siempre según la orden de Melquisedec” en el versículo 4. 

Precisamente, estos estudiosos parecen insinuar que el salmo hace referencia a David como rey, quien ha puesto a sus enemigos bajo el estrado de sus pies continuando la obra de Abraham. Esta obra será completa únicamente cuando el Mesías venga a la tierra y haga su entrada triunfal en Erests Israel.

Es así como se completan en este salmo los tres pilares fundamentales del judaísmo: Abraham, David y el Mesías. Es una verdad axiomática que le da al judaísmo fuerza y perspectiva frente a las profecías hechas y narradas por el Rey David.

Análisis bíblico del salmo 110

Versículos del 1 al 3

En un principio, el salmista establece que se trata de una visión profética que Dios le está mostrando. “El Señor le dijo a mi Señor” establece que hay dos personas en el mismo espacio, que están hablando y en la cual David hace una distinción entre Dios y el Mesías. Entonces el Todopoderoso le dice al Mesías que aguarde y se siente a su derecha mientras él se hace cargo de sus enemigos y los pone a sus pies. Esta humillación es un regalo de demostración al Mesías, a Jesucristo, pero se debe tomar en cuenta que también beneficia al pueblo. Si se establece como premisa que los enemigos del Rey también son sus enemigos, se puede decir correctamente que los enemigos del pueblo, que asediaban, acosaban, reñían y mantenían fuerza sobre el pueblo serán destruidos, lo cual beneficia a todos, no solo al Rey.

Esto establece una razón más que suficiente para que Dios le diera esta visión a David. Para que este contara al pueblo sobre la salvación que el Todopoderoso tenía preparada para ellos, que incluía un día enviar al Rey eterno (Jesucristo) para poner a todos los enemigos bajo sus pies.

La visión profética también establece que el mesías nacería o reinaría desde Jerusalén. Ya que indica que Dios extendería su Reino desde allí. Y entonces comienza a narrar el ejército de creyentes que le sería otorgado al mesías, que iría a la guerra por voluntad propia y que le ofrecería una vestidura santa, brillante y relevante que renovará sus fuerzas cada día. Habla del Mesías como alguien hermoso, incansable, fuerte y digno de toda la gloria y toda la honra.

Versículos del 4 al 7

Hay una declaración fuerte en el versículo 4 que puede infundir fuerzas a cualquier creyente en el mundo. Esta indica “El Señor ha hecho un juramento y no romperá su promesa”, que no solo habla del carácter leal de Dios, sino de que se toma muy en serio las cosas que dice. Es decir, que si le está mostrando esta visión a David es porque se cumplirá. Y seguidamente le recuerda la promesa hecha a Abraham, su siervo, quien en su momento le dio los diezmos a Melquisedec, la primera personificación o metáfora del Mesías que aparece en la Biblia.

Posteriormente, el salmista narra la victoria que Dios ofrecerá al Rey Mesías, y por ende, a los creyentes. Esta establece que estará a su diestra para protegerlos cuando estalle el enojo de Dios y llene las naciones con su castigo eterno. Todo esto mientras el Mesías mantiene a su pueblo en lugares tranquilos, refrescantes y en los que no corren ningún peligro, sino que permanecen tranquilos a la espera de la victoria.

Aplicación del salmo 110

La victoria de Dios es inminente. Miles de promesas ha hecho a través de sus profecías y han sido cumplidas, esta no será la excepción. Esto narra algo que va más allá de lo terrenal, que va más allá de los problemas inmediatos, de las preocupaciones y posibles tribulaciones del día tras día, que Dios no rechaza, pero que en el contexto eterno no tienen relevancia, porque serán tan lejanas que es posible que el creyente ni siquiera las recuerde y no tengan importancia.

Esto muestra al creyente una visión de lo eterno, de lo incalculable, de lo permanente, lo incorruptible. La victoria que Dios ha ofrecido al pueblo de antemano y que va a cumplirse sin demorar. Esto ofrece una esperanza eterna que es útil no solamente cuando se cree que las cosas no tienen solución, sino que sirve para construir una vida fundamentada en un espíritu victorioso, un espíritu que espera esa victoria.

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