explicación del salmo 39 nube de palabras

En otra oportunidad habré comentado que todos los días (y a veces varias veces al día) frecuento un lugar sumamente especial para mí; se trata de un banquito en la plaza de la urbanización donde vivo.
Allí, a tempranas horas, o en el turno nocturno, me siento, rodeado de árboles, arbustos y flores, a sentir la brisa que circula libremente, contemplando las hojas que se mecen, escuchando el canto de algunos pajarillos, mirando las nubes, el sol o la luna y las estrellas… y entonces conversar con mi buen amigo, Jesús.
Cuando escucho el canto titulado “El mejor lugar del mundo”, ese es el sitio que viene a mi mente. En ocasiones el solo hecho de sentarme allí en silencio me ayuda a ver las cosas de manera muy diferente. Me brinda nuevas fuerzas y ánimo.
¿Qué tal si lo intentas?
¿Por qué no aprovechas y te tomas un minuto para estar en silencio?

No perderás nada, aparte de algunos segundos de tu tiempo. Tómate un minuto, limpia tu mente, eleva una oración a Dios con tus propias palabras, y disfruta del silencio…
Es muy cierto que el silencio puede ser una terapia en extremo útil para el hombre saturado de tanta contaminación sónica. No tenemos tiempo para pasar tiempo de calidad con nosotros mismos y con Dios. Por eso, estoy seguro, el silencio ha de ser una bendición para nuestra salud, tanto física como espiritual.
Pero hay otra clase de silencio que es nociva. La contención, la represión de aquello que sentimos, y que anhela prorrumpir fuera de nuestra cavidad bucal, puede llegar a enfermarnos y destruirnos.
En algunos salmos es protagonista el silencio tipo 1, llevando al hombre más cerca de sí mismo y de Dios. Pero en el caso del Salmo 39 es el silencio tipo 2, y ya veremos lo que sucedió.

Estudio del Salmo 39

El sufrimiento despierta algunos de los pensamientos más intensos y agudos de la experiencia humana. Este Salmo es difícil de catalogar, pero está claro que está inspirado por una queja personal, sufriente, incisiva y resignada por parte de su autor.
Por ello lo más exacto parece ser colocarlo junto a las elegías (composición poética de lamentación); posiblemente como una elegía de arrepentimiento, aunque lo penitencial no sea demasiado preponderante en el lenguaje del Salmo.

Salmo 39 significado

El salmista sufre, siente agravarse su dolor, y entiende que es consecuencia de sus transgresiones. Asume que Dios está intentando corregirlo con disciplina (acerca de que Dios “castiga” ver el estudio preliminar del Salmo 38), y por esa razón procura reprimir su tristeza; pues, como dice, “tú lo hiciste” (v. 9).
Pero en ese intento de callar y no proferir palabra, también para evitar que sus enemigos escucharan sus quejas y se mofaran de Dios, le sobrevienen una serie de fieras consideraciones sobre lo funesto y transitorio de la vida. Es entonces cuando no puede contenerse más y estalla.
De manera que la estructura del pasaje se divide en 4 movimientos. El primero (vv. 1-3) es una introducción que esboza brevemente la historia reciente del salmista, al intentar callar y reprimir sus lamentos, pero en vano.
A continuación, en los versos 4 al 13, el salmista irrumpe en un monólogo impetuoso, compuesto de dos ciclos en los cuales observa lúgubremente la fugacidad de la vida y sus cargas (vv. 4-6, 7-11), para culminar el Salmo pidiendo que Dios escuche, y amortigüe sus padecimientos (vv. 12-13).
Hay que decir que en este poema no destacan especialmente la luz, el gozo, la piedad o la esperanza. De hecho, la única nota luminosa de un Salmo que en general es bastante trágico, es el verso 7: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.
Pero incluso después la nota luminosa el panorama del Salmo no cambia. La petición final no se caracterizada precisamente por un fuerte sentido de esperanza y fe.
Finalmente vamos a detenernos en el encabezado. El Salmo va dirigido “a Jedutún”, que también se menciona en los encabezados de los Salmos 62 y 77. Según sabemos, Jedutún formaba parte del grupo selecto de directores del coro de David (ver 1 Crónicas 16:41, 42; 25:1, 6; 2 Crónicas 5:12).
Así que suponemos que David compuso la letra de este Salmo, mientras que Jedutún quizás le haya puesto la melodía.
Al interpretar este Salmo debemos tener en cuenta el paradigma de la franqueza y transparencia de los salmistas para con Dios en oración, prestar especial atención al desarrollo histórico de fondo, y, como un crítico de arte, esforzarnos por encontrar belleza donde pareciera no existir.

Salmo 39: explicación

Salmo 39:1-3 explicación

Los primeros tres versos del Salmo, como hemos adelantado, se tratan de una introducción histórica al monólogo que se despliega a partir del verso 4. Para ello el salmista elige retratarse como un narrador exterior: como si saliera de la escena, y desde fuera se contemplase a sí mismo.
Entonces explica lo sucedido. Presenta la escena con cierto dramatismo, a fin de que sirva como antesala y contexto del monólogo penumbroso. Al internarnos en su intensa lucha personal, en su dilema mental de callar o no callar, palpamos más cercanamente los sentimientos reales que inspiran los versos siguientes.
Fuego arde en su corazón. Sufre y no entiende. Frustrado por la fugacidad de una vida que pronto caduca, y en cuyo contenido predominan cargas, esfuerzos vanos y desdicha, el salmista no puede callar y abre su boca en lamentos. Mas, en su agonía declara que Dios es su esperanza.
En los versos 1 y 2 el salmista nos cuenta cómo decidió afrontar en primera instancia el torrente de las angustias que golpeaba con fuerza a la ciudadela de su mente. Su resolución fue, por un tiempo, guardar silencio.
El salmista determinó vigilar cuidadosamente su proceder, para no proferir palabras irreflexivas y pecar con su lengua. Permanecer en silencio, en lugar de hablar imprudentemente, es una decisión muy sabia; recordemos que Proverbios 10:19 dice que “el que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua” (ver tb. Proverbios 21:23).
Dejar de ejercer constante dominio propio sobre la lengua significa exponerse al peligro del pecado (Santiago 3:2). Por esa razón David tuvo a bien callar sus aflicciones; procurando ejercer buen juicio.
Por supuesto, la boca es como un animal salvaje que usualmente no se sujeta amablemente al dominio o la disciplina; por eso el salmista explica que para lograr su cometido tuvo que colocar sobre su boca un freno (o bozal, Deuteronomio 25:4). Expresión figurativa que alude a su determinación de callar.
Pensó que era peligroso permitirse hablar de su situación o lamentarse en presencia de los impíos, porque esto podría representar oprobio a la causa de Dios si sus palabras eran malinterpretadas o tergiversadas.
Prefirió callar para sus adentros. Guardar sus angustias y quejas en el corazón, para no ser motivo de tropiezo. Así, sellando sus labios, evitaba el peligro de pecar con sus palabras.
En el verso dos el salmista dice que ciertamente logró su propósito, casi enmudeció, pero al parecer eso no alivió de ninguna manera su problema.
La segunda línea del texto, especialmente debido a la construcción hebrea mittob (“de bien, del bien, desde lo bueno, etc”), podría tener varias posibles traducciones. La primera de ellas, y es la más convincente, es que el salmista calló de tal manera que aún dejó de hablar sobre lo bueno.
Otra posible interpretación es que el salmista calló a causa del bienestar de sus enemigos impíos. Su sangre hervía más aun al comparar su propio estado de cosas con el de sus rivales. Y otra más es que calló más de lo que era conveniente.
Pero la primera proposición parece ser mucho más acertada. El silencio del salmista fue total, absoluto. Cerró su boca de hablar tanto lo bueno como lo malo, especialmente delante del impío. Se reprimió y se contuvo para evitar pecar con su lengua, pero… se agravó su dolor.
Cuando el hombre experimenta tal caudal de emociones que se debaten por hallar expresión, contenerse puede agravar todavía más la situación. Sería como intentar detener un bote de aceite con tirro.
Aunque calla, el salmista no puede evitar pensar y meditar. Observa, piensa, analiza, su dolor se agrava, sus sufrimientos aumentan junto con sus inquietudes y lamentos. No puede permanecer más tiempo en silencio, y la puerta de la represa colapsa.
Así, en el verso 3 confiesa que mientras le daba vueltas a sus pensamientos, inquietudes y observaciones, cada vez más sentía como si un fuego ardiese dentro de él. Y pronto fue evidente que no podría callar por mucho tiempo: “Y entonces proferí con mi lengua”.

Salmo 39:4-6 explicación

A partir de ese instante el salmista estalla, y arremete contra la vida. En general, contra la brevedad de la vida y sus implicaciones. En su aflicción, el sufriente David cuestiona la sensatez de una vida de problemas, afanes y ‒para colmo‒ días contados en medida escasa.
Por eso en los versos 4 al 6 este es el tema evidente y prácticamente absoluto en primer lugar. El autor pide a Dios que le haga saber la medida de sus días y su propia fragilidad.
En realidad el pedido está motivado precisamente por lo que el salmista sabe: que la medida de sus días es escasa, y grande su fragilidad. Pero quizás 1) pide a Dios que le traduzca eso en cifras, cuánto tiempo le queda de vida; o por otro lado, 2) pide a Dios que le recuerde las consecuencias tocantes a esa verdad deplorable.
Pero lo cierto es que aunque el hombre sabe que ha de morir ‒mas sin tener idea de cuándo‒, a menudo vive como si no tuviese en cuenta esta cruda realidad. Eso conlleva a que el hombre se lamente profundamente cuando la enfermedad y el peligro de muerte tocan a la puerta.
David está en esa fase de negación y desesperación. Rehúye al sufrimiento, y se queja del término corto (tan corto como un palmo) que a sus días se ha puesto. Y entonces plasma la verdad de que todo ser humano es un hebel delante de Dios: como un soplo que pasa (Salmos 90:4, 144:4).
Siente que su edad llega a ser como nada delante de Dios; un breve instante en el tiempo que pronto transcurre y se olvida. El ser humano ahora vive, pero mañana su memoria quizás se habrá extinguido.
En el verso 6 compara también la vida del hombre con una sombra, sin sustancia, sin permanencia. Y por ello concluye que los afanes del hombre son vanidad, pues por más energía y esfuerzo que invierta en ellos, la muerte les roba sentido y propósito (Job 27:16-19, Eclesiastés 2:18, 21). Aún el amontonar riquezas es vano, pues otro dispondrá de ellas (Salmos 49:10).
La cuestión latente detrás de este lamento contra la vida es, al fin y al cabo, una queja contra Dios: ¿Por qué lo has hecho así?
Pero antes, recordemos dos cosas. Primero, entendemos el Salmo en el contexto de un hombre que sufre (podríamos compararlo con Job 3), y por ello desde su perspectiva estamos palpando los sinsabores de la vida. Luego, tengamos presente que Dios NO creó al hombre de esta manera. Lo creó para ser eterno, lleno de sentido y propósito. El pecado es otra historia.

Salmo 39:7, 8, 9, 10, 11 explicación

Puesto que la vida ofrece en su brevedad dolores, tristezas, afanes y vanidades, el salmista deja asomar la única pizca de luz y esperanza al iniciar el tercer movimiento: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti” (v. 7).
Quisiera darle a esta frase mayor luz de la que realmente tiene. Pero el contexto indica que debemos entenderla en una dimensión limitada. Prácticamente siendo que el salmista nada puede esperar de la vida, declara que sus expectativas reposan en Dios.
Del Señor dependerá el poder remediar sus aflicciones, y permitirle así ir en paz al sepulcro. Recordemos que la perspectiva general de este Salmo es sombría, pesimista. La esperanza futura es eclipsada por la necesidad presente, y el autor ve a Dios como la única posible solución en un mundo sin soluciones.
En ese sentido aquí Dios es la esperanza del salmista. El único motivo en quien seguir esperando.
Los versos 7, 9 y 11 son a manera de reflexión, y se intercalan con los versos 8 y 10 que son peticiones. De esa forma reafirmamos que el verso 7 es una reflexión derivada de lo expuesto en los versos 4 al 6: la vida es tan breve que poco se puede esperar de ella; toda mi esperanza la pongo en ti.
Luego en el verso 8 el salmista pide a Dios que le libre de sus transgresiones o desobediencias deliberadas a la ley. Aquí observamos el primer claro vestigio de pecado como posible causa de los sufrimientos del orante. Colocado junto a los versos 10 y 11 es evidente que considera su aflicción como castigos o consecuencias de su rebelde proceder, y por eso el perdón podría ser su carta de libertad.
El salmista entiende que, siendo que el pecado es la causa de su sufrir, si el Señor le perdona y le libra, aun teniendo en cuenta la corta extensión de la vida y la fragilidad humana, ésta podría llegar a ser mucho más llevadera para él. Este es el sentido de la seguidilla de los versos 7 y 8.
Notemos que el salmista pide libertad de “todas” sus transgresiones. No podemos ir a Dios esperando que nos perdone y libre de algunos de nuestros pecados, mientras deseamos persistir en otros.
Su segundo pedido es que Dios le evite convertirse en la burla del insensato. Un seguidor de Dios afligido y enfermo, burlado por los demás, es un argumento para los infieles para mofarse de Dios y sus preceptos.
Por tal motivo el salmista pide su propia liberación, para no ser burlado por los demás y, a su vez, convertirse en motivo de oprobio para la causa del Señor.
En el verso 9 el salmista reflexiona en su voto de silencio (anunciado en el verso 2). Procuró abstenerse de hablar precisamente porque entendió que Dios enviaba el castigo, y lo hacía por alguna razón suficientemente congruente. “Si tú lo has querido así, entonces no puedo más que aceptarlo”.
De esa manera prefirió no proferir palabra acerca de sus sufrimientos para evitar cuestionar a Dios. Pero hemos de explicar, como lo hicimos al comenzar a comentar el Salmo 38, que Dios no es el autor del sufrimiento humano. Lo permite, mas no lo provoca.
El verso 10 es bastante similar a los versos 2 y 3 del Salmo 38. El salmista pide a Dios que quite de él su plaga (Salmos 38:11), y usa también “mano” como símbolo de castigo (Job 13:21).
El Señor no espera que asumamos que todo lo que sucede es un justo castigo que proviene de él, y por eso no hay mal alguno en pedir que sea quitada la aflicción o la plaga. Pero hemos de someternos a Dios, confesando nuestras faltas, y andando humildemente en su voluntad, antes de que Dios pueda librarnos de las consecuencias de nuestro pecado.
Él anhela, de hecho, librarnos del dolor y la culpa. Pero debemos recordar que estamos inmersos en una batalla entre el bien y el mal con muchas implicaciones, y motivos intrincados. Por esa razón, no siempre las cosas sucederán como quisiéramos que éstas fueran.
En el verso 11 el salmista configura ahora una ley universal: Dios corrige a los hombres por sus pecados, tocando aun lo que ellos más estiman. Como polilla, puede deshacerlos.
Ciertamente Dios puede hacer esto en el intento de atraer un alma del error a la verdad; pero jamás como un Dios castigador que se deleita en el sufrimiento.
La sección culmina enfatizando nuevamente la fragilidad y la brevedad de la vida humana.

Salmo 39:12-13 explicación

El Salmo no termina mejor que como transcurrió. En la petición final el salmista ruega a Dios que atienda a su oración y a sus lágrimas. Le pide que no calle delante de su dolor.
La imagen del forastero y el advenedizo descansa sobre la noción de la poca extensión de sus días. Si su medida es como un palmo, un soplo y una sombra, ciertamente es como un forastero delante de Dios.
Y el último verso, al igual que Job 10:20, es la súplica de un corazón atribulado que pide se apacigüen un poco los juicios; que Dios le suelte, le deje un poco, como para que él retome las fuerzas antes de seguir en el camino que conduce a la muerte.
Si algo puedo acotar antes de terminar este estudio, es hacer notar lo pesimista que puede tornarse la vida al poseer una noción incorrecta de Dios. Si el salmista pudiese ver descorrer el velo de lo invisible, podría ver a Dios anhelando hacerle el bien, perdonar su falta, y librarle de su dolor.
En la Palabra de Dios hemos recibido suficiente luz como para entender hasta cierto punto el proceder divino. Y si retenemos nuestra esperanza, al final confirmaremos que Dios realmente es amor.
Eso es lo que me alienta para afrontar el día a día.

¿Estás triste o atribulado?

No calles más. Habla con Dios.

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