explicación del salmo 88

Si tuvieras que recordar el día más alegre de tu vida ¿Sabrías rápidamente cuál sería? Posiblemente no sea así, los momentos de felicidad tienen un gran aporte emocional, pero la memoria no se encarga de retenerlos por mucho tiempo. El sentido contrario se denota con el momento de mayor tristeza ¿La muerte de un familiar, un dolor físico, emocional? Los sentidos se hinchan de expresión para volver a sentir aquellos momentos que quisiéramos olvidar. 

El autor de este salmo plasmó sus palabras en el cántico conocido como el más triste o desconsolador de los salmos. 

vv. 1-5: Introducción de un lamento.

«¡Oh Jehová!» El inicio del único verso con auspicios de salvación, lleva el Sujeto más importante en todo el tema, el Señor. El salmista tenía muy presente el valor de Dios como salvador de las desdichas en la vida. La constancia era para él un hecho inherente del clamor, «Día y noche clamo delante de ti», revela su conexión rotunda con Dios, no dudaba en ningún momento de la importancia dada por su Señor a su hijo. 

No es por inseguridad el segundo verso, al contrario, es reafirmatorio en todo su esplendor. Pide que llegue su oración hasta el cielo, porque sabe la realidad en dicha frase. No es para ver si por casualidad el Señor la oye, la hace porque sabe con el corazón y la razón la gran atención que Dios pone a sus pedidos. Culmina el verso tres con una importante epifanía de su experiencia actual, un abreboca de cómo su alma se siente en ese preciso instante, en víspera de la muerte.

Los versos cuatro y cinco contemplan el raciocinio poco objetivo, pero real en la mente de un hombre sintiendo la lejanía de Dios como una muerte. Si me tocara decidir un subtítulo para este salmo, sería: «La muerte, una distancia de Dios». Sin embargo, el problema no radica solo en el fallecimiento de la vida física, sino en el abandono del Dador de la vida cuando todavía puede sentir el aliento emanante y en contraposición, su último suspiro. «Arrebatados de tu mano» hace alusión al cuidado de Dios, que mantiene bajo el control de su soberanía a su hijo, en este caso, parece sentirse fuera de los controles de su Padre, por tal razón, lejos de una vida satisfactoria. 

vv. 6-9: Recriminación.

Si no fuera por el verso siete, los problemas atribuidos a Dios serían temas de conspiración religiosa, no obstante, «sobre mí reposa tu ira» es el comienza de una perícopa llena de argumentación en contra de la benevolencia de divina, quizá más aferrada al hecho inequívoco de la atribución del dolor al único capaz de impedirlo, si así le place. 

La escena típica sería un ataque de lepra. El alejamiento de los seres queridos acarrea un sentido de inmundicia o desprecio social muy aborrecible. Botando el sentido de propiedad familiar, pareciera insistir en un hecho fìsico indescriptible. Contando con el encerramiento (lo cual tiene mucho parecido al aislamiento por el COVID-19) la situación cada vez es peor. El agobio se transformó en parte de su vida, en un castigo litigioso y perecedero. 

«Mis ojos enfermaron», si hay un sentido primordial en los salmos es la vista. Ver el rostro de Dios (significando estar en vida plena con Él), no apartes tu mirada de tu siervo, otra frase conmovedora. Si contaramos las referencias de la importancia visual en cada salmo, posiblemente encontraríamos una verdad importante, por nuestros ojos entra aquello que determina nuestra alma. Los ojos enfermos terminan siendo peores que no tener. Comparar nuestra visión 20/20 mientras la miopía, astigmatismo o hipermetropía nos disminuye el rango visual, es aterrador. 

Por tal motivo, comienza el uso de la puerta auditiva. Llamo a Jehová, cada día. Parece que tampoco lo escucha y, como último recurso, extiende sus manos hacia Él. Nuestros sentidos son el medio para nosotros asentar el aprendizaje, siendo así,  la experiencia espiritual amerita el uso de los mismos, no solo de uno, sino de todos sin excepción. 

vv. 10-12: la muerte no alaba. 

Estos tres versículos equiparan una doctrina debatida en el sinfín de los confines de vida. ¿Después de la muerte hay vida? El salmista no contesta directamente esta pregunta, pero al menos si deja en claro un tema. En el seol o Abadón, no hay alabanza a Dios. Siendo así, encontramos un portento inusual, «en la muerte nada se sabe». Si hubiera vida después de la muerte (en un plano tricotómico platónico), pero no puede adorar con genuinidad al Señor de Señores ¿de qué sirve la vida después de la muerte? La Biblia al no tocar este tema, ya que no es el caso de la verdad presente, entonces no hay abordaje alguno de la inmortalidad del alma. 

De por sí, la argumentación más tangible de “librar las almas de la penitencia” queda sin discusión alguna. Se revela como una falsedad ante los escritos del salmista, el cual entiende la muerte como un lugar donde nada tiene vida, toma de decisión o voluntad de accionar. 

vv. 13-18: una conclusión introductoria. 

No son pocos los salmos que utilizan una estructura quiástica. Este en particular cuenta con una estructura indefinida o poco común en el círculo de los quiasmos bíblicos. El verso 13 mantiene la idea del primero, donde acepta la única salvaguarda divina, presentado una petición constante al Señor. Aunque el refuerzo del momento de petición es solo en la mañana, puede tomarse desde el punto de vista unitario, donde la oración de la mañana es más importante, no obstante, conociendo la estructura poética del idioma, es más segura la omisión de la noche por temas de lírica o rima. 

Verso 14 vuelve a utilizar el elemento visual para explicar la sensación de escondrijo ante Dios. En pregunta retórica, el escritor plasma su necesidad de escuchar la respuesta de Hacedor ¿Por qué escondes de mí tu rostro? ¡Oh, Señor! Vuelve a nosotros tu mirada. 

Del verso 15 al 17, son unas expresiones metafóricas del sufrimiento, posiblemente enchumbadas del recurso hiperbólico, además de presentar más las emociones que un objetivo nivel de razón sobre su padecimiento. 

Así como a Job, el verso 18 transmite uno de los dolores más difíciles de este salmo, el distanciamiento social. Incluso, viendo a sus amigos sumergidos en el temor del oscuro pecado, David sigue orando a Dios. Aunque muy irrelevante sea la esfera de aprobación por parte de David en confiar en la soberanía divina, su fe en indiscutible, él no escribe este salmo para hacer un adiós definitivo a la verdad, al contrario, muestra la realidad de seguir el camino de la salvación, no es fácil, lleva pruebas y luchas fuertes, en ocasiones transmite una forma de desasosiego peor que la misma muerte. La diferencia está en la presencia de Dios en todo momento, en el umbral de la catedral más iluminada, como en la esquina más oscura. 

Puede perderse toda relación social fructífera, estar físicamente dañado por años de descomposición natural o por afección. En cualquier caso, este salmo nos enseña que allí está Dios, esperando nuestra oración, deseando hablar con nosotros y brindarnos la mejor salida. 

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